martes, 30 de mayo de 2017

25 de mayo


El 25 de Mayo no es un simple feriado, un día en el que no se trabaja o no se concurre al colegio. En esta fecha celebramos uno de los acontecimientos más importantes sobre los cuales se construyó nuestro país. Durante la Revolución de Mayo se puso en juego el futuro de una colonia, que deseaba crecer y desarrollarse como un pueblo independiente. Conmemoramos entonces el 25 de Mayo, cuando un grupo de patriotas iluminaron el camino de la Independencia. Cuando en una lluviosa jornada los vecinos de Buenos Aires alumbraron la idea de sentirse libres e independientes, protagonistas y artífices de su propio destino.

Fuente: Informe: Javier La Loggia - Especial para LA NACION LINE

El Proceso Revolucionario

No hay duda de que el proceso revolucionario comienza cuatro años antes, en 1806 y 1807, momento en que Buenos Aires rompe los moldes burocráticos establecidos para reclutar milicias y pone en pocos meses de pie a "nueve mil hombres de pelea" para rechazar a los invasores ingleses. Convergen entonces, dos movimientos simultáneos. Por un lado, la ciudadanía se arma espontáneamente ("los cuerpos urbanos habían sido autorizados a nombrar sus propios oficiales y los oficiales a nombrar sus jefes"); por otro, el Cabildo destituye al virrey Sobremonte e instala a Santiago de Liniers, a quien proclama, según una exaltada metáfora, "el rugido de la masa". De este modo, sin ningún plan deliberado, los criollos "convirtieron en partidos políticos y situación armada lo que hasta entonces no habían salido de la vida interna de los habitantes" Interrelación de voluntad de poder con el azar de las circunstancias: en aquélla época los acontecimientos comienzan a ser arrastrados por una fatalidad revolucionaria que expresa tendencias irreprimibles. Vacíos de tradición liberal, sin legado alguno de libertad que defender, los hombres de la revolución, ignoraban los medios prácticos con los cuales la libertad política se encarna en derechos y garantías concretas. Había en definitiva, que crear la libertad, darle vida, traducirla en instituciones y plasmarla en costumbres. Tal fue el dilema que se planteó a partir de aquélla semana del mes de mayo de 1810, cuando una junta de gobierno sustituyó al virrey en ejercicio y pretendió encontrar en su seno la soberanía que la corona española había delegado en sus funcionarios.

Fuente: Botana, Natalio R., La libertad política y su historia, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991; pág. 94.



Imaginemos un día nublado y medio lluvioso, de esos que son tan frecuentes en el otoño porteño. Imaginemos que un vecino resuelve pasarlo junto al río, pescando. Con un sábalo o algún bagre, a la tardecita regresa a su casa. Su mujer le pregunta si trae alguna noticia, si vio algo novedoso. El hombre le dice que no: todo lo que hizo fue tirar la línea en las toscas. Ese día podría haber sido el 25 de Mayo de 1810 y ese porteño pudo haber sido uno de los tantos que no se enteró de nada de lo que ocurrió en aquella jornada. El cabildo abierto del 22 de mayo reunió a menos de quinientos vecinos y Buenos Aires tenía, en ese momento casi 40.000 habitantes. Es decir que sólo el 1 por ciento de la población participó de aquella trascendental reunión en la que se asentaron las bases conceptuales y jurídicas que fundamentarían el relevo del virrey y su reemplazo por una junta designada ­o más bien, asentida­ por el pueblo. Es probable, entonces, que la asamblea reunida más o menos tumultuosamente frente al Cabildo en la mañana del 25 de Mayo, no haya tenido un rating muy superior: 1000 o 1500 vecinos, como máximo. Nuestro pescador habría formado parte, de la enorme mayoría que nada tuvo que ver con la transición del sistema colonial a un régimen nuevo, implícitamente comprometido con la independencia de estas tierras.

Naturalmente, la escasez de participación popular no resta al 25 de Mayo la enorme importancia que tuvo, por varios motivos. En primer lugar, deponer a un representante del rey y reemplazarlo por un cuerpo colegiado era algo insólito y atrevido aunque Cisneros no representara al monarca español sino al organismo que gobernaba en España a su nombre, en vista de la cautividad de Fernando VII. Y aunque esta fuera, en realidad, la segunda oportunidad en que ocurría un hecho como este en Buenos Aires, ya que  cuatro años atrás una pueblada había exigido la deposición de Sobremonte por su incompetencia y cobardía frente a la invasión inglesa. Pero en 1806 esa verdadera revolución paso casi inadvertida entre las luchas por la Reconquista. Ahora, en 1810, el derrocamiento del virrey era el resultado de un tranquilo y racional debate entre unos pocos vecinos, "la parte más sana y principal" de la capital del virreinato.

En segundo lugar, lo que ocurrió el 25 de Mayo fue muy importante porque de algún modo significó la presencia activa de los militares criollos en el proceso político. Las milicias populares que se habían levantado en Buenos Aires desde 1806 estaban compuestas por criollos y por españoles, divididos en regimientos según sus lugares de origen.
Pero en esos cuatro años se habían vivido procesos muy diferentes en los cuerpos peninsulares y en los criollos. Aquéllos estaban integrados por comerciantes y artesanos, para quienes el oficio de las armas era una molestia; los criollos, en cambio, por ser pobres, se habían tomado muy en serio sus nuevas profesiones de soldados, vivían de sus sueldos y raciones y concurrían puntualmente a los ejercicios. En poco tiempo adquirieron una capacidad de fuego temible y esta superioridad se vio en enero de 1809, cuando Liniers reprimió fácilmente, con su ayuda, el conato de golpe organizado por el alcalde Alzaga.

Ahora, en mayo de 1810, fueron los Patricios quienes hicieron la guardia de la Plaza, dejando entrar a los adictos y rechazando suavemente a los adversarios. Los "fierros" los tenían los regimientos criollos y esta circunstancia fue decisiva para apurar el derrocamiento del virrey Cisneros.

Y una tercera circunstancia notable: tanto en la reunión abierta del 22 como en el compromiso adquirido el 25 de Mayo por los componentes de la Junta, se dejó claramente sentada la necesidad de convocar a los representantes del pueblo de las restantes ciudades del virreinato para que homologaran lo decidido por el de Buenos Aires. Si éste había obrado como lo hizo era por razones de urgencia, como "hermana mayor" -según dijo Paso­. Pero se reconocía la necesidad de que un paso tan trascendente quedara avalado por el pueblo del virreinato.

Y en este reconocimiento venía implícita la idea de federalismo y también la noción de la integridad del virreinato. De nada de esto, claro está, pudo enterarse el vecino que en la tarde de esa jornada regresó a su casa con un par de pescados colgando de su hombro... Pero seguramente tardó muy poco tiempo en advertir que lo sucedido ese día también involucraba su propia vida. Porque de comienzos tan triviales como el de esta revolución burguesa y municipal, pueden venir consecuencias tan drásticas como la que conlleva la creación de una nueva Nación. Nada más ni nada menos.

Félix Luna

Fuente: nota aparecida en Página/3, revista aniversario de Página/12, junio de 1990.


La Escarapela

Uno de los grandes mitos de la historia argentina es el de las escarapelas. Suelen relacionarse con la Semana de Mayo, pero es apenas una cadena de confusiones. Las escarapelas eran distintivos de los ejércitos. Las usaban en los uniforme y servían para distinguir, en medio del combate, a compañeros de enemigos. Por lo tanto, creer que se repartieron a los vecinos es tan disparatado como sería que los French y Beruti de hoy repartieran distintivos del Comando de la 3ra División de Ejército entre los civiles que estuvieran en la histórica Plaza.

Es muy curioso el origen de la palabra escarapela, ya que se trata de una pelea entre mujeres. Primero debemos aclarar que el término pelea surgió de “tomarse de los pelos”. Escarapela se denominaba al enfrentamiento entre dos personas que se arañaban y se tiraban de los pelos. Hay un término muy similar, escaramuza, que también implica los arañazos característicos de una pelea entre mujeres. 

A la cicatriz que les quedaba en la cara también se le llamaba escarapela. Y de allí derivó para transformarse en el nombre del distintivo que usaron los ejércitos.
French y Beruti, entonces, no repartieron escarapelas. En todo caso, distribuyeron cintas. Pero si lo hicieron, no eran celestes y blancas. Las celestes y blancas aparecieron recién -como distintivo- en marzo de 1811. Son los colores que eligió la Sociedad Patriótica (los morenistas) y recién fueron exhibidas en la Plaza de Mayo en 1811, durante la Asonada del 5 y 6 de abril. Esos dos días alcanzó su punto máximo el enfrentamiento entre saavedristas y morenistas. French, Beruti y sus seguidores, comprometidos con la Sociedad Patriótica, las usaron en aquellas jornadas.

¿Llovió durante la Semana de Mayo? ¿Había paraguas en 1810? Si llovió, ¿cómo explicar la expresión “el Sol del 25 de Mayo”?
Según Miguel Rufo, Respecto del día 22 de mayo, cuando se realizó el Cabildo Abierto, en el Museo Histórico Nacional (MHN) se ha conservado un interesante testimonio escrito. Se trata de una de las esquelas de invitación cursadas por el propio Cabildo de Buenos Aires a los vecinos de la ciudad para que participaran del encuentro. El vecino en cuestión era Pedro Díaz de Vivar, quien no asistió a la asamblea del 22 por estar el día lluvioso. En la esquela impresa que lleva por identificación la expresión: “Invitación al Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, extendida a nombre del Sr. Pedro Díaz de Vivar”, se lee además, manuscrita a tinta, la siguiente explicación: “Por aver llovido el 22/no fui al cavildo, teme/roso de la humedad, y/ frío. Fui con mi hijo/ Marco el 23 a las 9 ½ de/ la manana [sic], pasamos/...el/ hermano del Aguacil/Mayor Mancilla, y nos/respondió el Exmo. Cavil-/do que ya era tarde, porque/estaba cerrada el acta” [se respeta la grafía original]. Así pues, el 22 de mayo llovió. Pero ¿qué decir del 25? 
Vicente Fidel López, en su Historia de la República Argentina, dice que el 25 de mayo de 1810 “la tarde estaba lluviosa y destemplada; el piso de toda la ciudad era un empapado barrial. Las veredas escasas y de malísimo ladrillo sobrenadaban en un fondo acuoso e insubsistente. Pero a pesar de todo eso, la plaza se llenó en un momento de damas y señoritas, con los colores celestes que distinguían el penacho tan popular de los Patricios”. 
Y para quienes puedan creer que como esto fue escrito hacia 1883 y su historiador era adepto a la historia filosófica y a la revalorización de las tradiciones orales, y que pudo haber cometido un error a tantos años de distancia, basta citar para refutarlos la propia Acta del Cabildo del 25 de Mayo, donde leemos: “Con lo que se concluió la acta de instalación, retirándose dicho Señor Presidente, y demás SS vocales, y Secretarios de la Real Fortaleza por entre un inmenso concurso con repiques de campana, y salva de Artillería en aquella, a donde no pasó por entonces el Excelentísimo Cavildo, como lo havía egecutado la tarde la instalación de la primera Junta, a causa de la lluvia que sobrevino, y de acuerdo con los Señores Vocales, reservando hacer el cumplido día de mañana y lo firmaron de que doy fee” [se respeta la grafía original].

Por consiguiente, también llovió el 25 de Mayo. Pero nos resta responder una última pregunta: ¿había paraguas? 
En un trabajo publicado en 1960, el historiador Enrique de Gandía escribe: “Los regidores presenciaron el espectáculo divulgado por miles de láminas: una pequeña parte del pueblo de Buenos Aires –quinientas personas sobre un total de sesenta mil habitantes que tenía la ciudad–, reunida frente al Cabildo. Lloviznaba, y mucha de aquella gente tenía los paraguas abiertos.

Pintores contemporáneos han criticado a sus colegas, autores de cuadros con una visión de paraguas frente a los balcones del Cabildo, diciendo que en aquel año aún no se conocían los paraguas en Buenos Aires. Podemos desvanecer los fundamentos de su malignidad; en aquel entonces, y desde largo tiempo antes, se conocían y eran usados por cualquier persona, paraguas como los de hoy en día. La mención de paraguas se halla en muchos documentos de 1809 y años sucesivos”. Entonces: sí había paraguas en la época, lo que tal vez pueda discutirse es el grado de difusión de dicho elemento entre la población, es decir, si disponer de uno de ellos estaba al alcance de todo el mundo o eran un artículo reservado para el consumo de la elite.
Nos inclinamos por la segunda posibilidad.

Y entonces ¿en qué queda lo de “el Sol del 25 de Mayo”? Es una cuestión simbólica: el sol representa el nacimiento de una nueva nación y en particular el Sol Incaico (los incas eran los Hijos del Sol), en un contexto donde tras la revolución se revalorizó el pasado indígena, por lo cual hasta hoy vemos el Sol Incaico en nuestros símbolos nacionales (el escudo y la bandera).
Asimismo, en las poesías escritas en el período de la revolución y la independencia hay alusiones al Sol del 25 de Mayo.


4 comentarios :

  1. Hola , gracias por pasar , muy interesante tu blog,saludos CVMandalas♥ Hasta prontito!

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  2. Gracias por proporcionar a sus lectores con la información de la calidad real que vale la pena leer, hay tantos sitios que son inútiles, la suya no es una de esas!

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  3. Agradezco profundamente su comentario, porque dedico mucho tiempo y mi deseo es que sea de utilidad. Es importantísimo recibir una opinión más allá de lo lindo en este caso o sugerencia en otros, porque dan ganas de seguir adelante.

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  4. Gracias por proporcionar a sus lectores con la información de la calidad real que vale la pena leer, hay tantos sitios que son inútiles, la suya no es una de esas!

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